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The Prisoner - S01, Ep12 - A Change of Mind

Dr. Zito, July 6th, 2010

 

“He oído tantas veces esa teoría de la Comunidad Terapéutica que soy capaz de repetirla del derecho y del revés: Que un tipo primero tiene que aprender a desenvolverse en un grupo y solo después será capaz de funcionar en una sociedad normal; que el grupo puede ayudar al tipo dándole a entender cuáles son sus fallos; que la sociedad decide quién está cuerdo y quién no.”
Ken Kesey, Alguien voló sobre el nido del cuco.

¿Un cambio de mente o un cambio de opinión? Esa es la ambigüedad a la que juega el título del duodécimo episodio de El Prisionero. Y aunque los entresijos de su trama queden pronto al descubierto y pese a que el capítulo no goce de un acabado formal memorable, A Change of Mind es tremendamente sugerente y suculento como expresión de muchos de los temas rectores de la serie -el individuo, la disciplina, las drogas, las psiquiatría-, cuestiones de interés candente tanto en 1968 como en los próximos veinte minutos. Aquí estamos para analizarlos. Comencemos.

Dioses y bestias. Eso habría respondido el bueno de Aristóteles si le preguntáramos qué seres son capaces de vivir fuera de la sociedad, fuera de la polis. El hombre, nos habría respondido, es un animal político y no puede definirse sin un contexto social. Sin embargo, capítulo tras capítulo, Número 6 ha venido desafiando esta visión aristotélica. En lucha constante con La Villa, nuestro héroe se esfuerza en salvaguardar su autonomía de forma radical y se niega a integrarse en la comunidad, a entregarse a la conformidad. En los primeros minutos de A Change of Mind le vemos en este, su disfraz habitual (en este caso un chándal). Solo, autosuficiente, ejercitándose, mejorándose. Siendo él mismo, siendo un rebelde. Pero los sucesos de este episodio cuestionarán al máximo su postura ¿No es la rebeldía más que otra forma de identidad social? ¿Qué es del rebelde sin la provocación, sin los escozores que provoca a la autoridad y a sus conciudadanos? ¿Y si todos le ignoraran? ¿Seguiría siendo él mismo? Como si fueran dos matones de patio, dos acólitos de La Villa (uno de ellos es Michael Billington quien gracias a esta aparición se ganó el papel de Coronel Foster en UFO), le acorralan en el bosque y tratan de apalizarle por raro y por asocial. Número 6 saldrá victorioso, claro. Pero esa será la gota que colmará el vaso de la paciencia comunal. Por sus continuados comportamientos desviados, anti sociales e individualistas, El Prisionero es declarado “unmutual”, neologismo que podríamos traducir como “desconsiderado”. Un delito de gravedad suma en una sociedad como La Villa que se fundamenta en la conformidad.

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El comité de hombres notables.

Porque en A Change of Mind, La Villa se ha convertido un lugar terrible y hostil en el que la desviaciones no son permitidas con la alegre condescendencia de otras ocasiones. Los ciudadanos que como Número 6 son declarados desconsiderados, “inadecuados” o “disarmoniosos” han de pasar por la ordalía de una confesión pública. Confesiones amañadas, (“We will tell you what to say”) como la del pobre Número 42, que se cumplimentan en un formulario y que son presentadas ante El Comité para su aprobación. El Comité es un grupo de ciudadanos que se reúne en la sala circular que se encuentra debajo del Ayuntamiento que ya visitamos en Free for All. Vemos a Número 6 entrando en ella bajando la escalera que actúa como línea de fuga, una composición de plano habitual en El Prisionero. Se sienta en el centro de la sala, rodeado de villanos ejemplares con chistera pero no vemos a Número 2 por ningún lado (en su lugar aparece de nuevo la silla de alto respaldo con un ojo incrustado). El Comité no busca de Número 6 ninguna defensa por sus ofensas. No se trata de un juicio. Solo quieren que confiese.

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Una pista secreta del final de El Prisionero.

En este método de disciplina que utiliza La Villa, que Richard Sennett llama “de autoridad difusa” porque lo ejercitan los propios ciudadanos y no una autoridad externa, resuenan los ecos de las técnicas de Reforma del Pensamiento analizadas por el Profesor Robert Jay Lifton en su libro La Reforma del Pensamiento y la Psicología del Totalitarismo (1961), uno del puñado de libros publicados a primeros de los sesenta que resultan fundamentales para entender este episodio. Recuerden que durante las primeras décadas de la Guerra Fría el concepto del lavado de cerebro había penetrado profundamente en el inconsciente colectivo. Lifton había estudiado las técnicas de persuasión que la China comunista empleaba con sus propios ciudadanos primero y con prisioneros de guerra después. Procedimientos de acusación, confesión y presión social destinados a conseguir el control y el cambio de pensamiento que La Villa sigue al pie de la letra a lo largo de A Change of Mind. Esos procedimientos se basaban en un programa psicológico de 12 pasos: asalto a la identidad, establecimiento de culpa, auto-traición, punto de ruptura, indulgencia y oportunidad, compulsión a confesar, canalización de la culpa, re-educación, progreso, confesión final, renacimiento y libertad. 12 pasos, ¿les suena de algo? En efecto, 12 pasos son también los que usan grupos de apoyo a adictos de todo tipo y sustancias como por ejemplo Alcohólicos Anónimos. Esos mismos procesos de reforma a través del propio escarnio en público son los que subyacen en las confesiones mediáticas de golfistas y presidentes casquivanos, de actores libertinos y cantantes homosexuales que se suceden en nuestros tiempos.

Roger Parkes, el guionista de A Change of Mind, tomó impulso con el argumento de El candidato de Manchuria, un referente constante de El Prisionero, para expresar la ansiedad que Occidente sentía ante una silenciosa invasión comunista, una invasión de las mentes (y que volvería a expresar en Voice from the past, el episodio que escribió en 1979 para la muy prisioneresca space opera televisiva británica Blake´s 7). Parkes utilizó la medicina psiquiátrica para articular el proceso de lavado de cerebro social al que Número 6 es sometido. De hecho, durante la escritura del guión, consultó con su hermano, doctor en psiquiatría. El resultado es que La Villa aparece en este episodio como un gran grupo de terapia social, como una “Comunidad terapéutica”, en el que los desviados que como Número 6 no realizan la apropiada “autocrítica” y se niegan a confesar su desconsideración ante El Comité no son tolerados y pasan a ser procesados por otros medios mucho más intrusivos: El ostracismo y la psiquiatría.

Y es que cuando Número 6 se niega a confesar, su comportamiento disarmonioso llega a los titulares del Tally Ho! y sus vecinos dejan de saludarle. Le ignoran, le dan la espalda, se le retira el crédito y los privilegios. Número 6 queda, ahora sí, verdaderamente solo. Public enemy Number Six. Pero en realidad un enemigo necesita oposición. Y él no la encuentra. Ante la indiferencia no es posible rebeldía. Y nuestro héroe, reducido a un paria, parece tan vulnerable y perdido como si fuera un recién llegado a La Villa (lo cual nos proporciona cierto regocijo cruel dada su a menudo repelente autosuficiencia). Número 2 le asigna entonces una acompañante, Número 86, para ayudarle a preparar la vista de su caso que será televisada en directo como también lo eran las comparecencias de los encausados por McCarthy y compañía ante el Comité de Actividades Antiamericanas.

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Plácida velada domestica viendo a McCarthy despellejando commies por la tele.

Cuando Número 6 visita el hospital para el reconocimiento médico previo a su vista oral encuentra una sala llamada “aversion therapy” en la que ve un pobre diablo en una silla, conectado a unos aparatos y en apariencia drogado al que se le está mostrando una película en la que se alternan imágenes del centinela Rover y de un beatífico Número 2 intercaladas con letreros con las palabra “unmutual”. Este es un ejemplo de terapia de aversión, una técnica conductista que utiliza la asociación entre un estímulo y una forma de dolor, inducido química o eléctricamente, para eliminar algún tipo de comportamiento. Ejemplos incluyen el uso de medicamentos para provocar síntomas desagradables cuando se ingiere alcohol o el uso que se hizo de electroshocks para “curar” la homosexualidad en Estados Unidos durante los 60, como se veía en el melodramón de Todd Haynes Lejos del cielo (2002). La terapia de aversión hizo su primera aparición en la cultura popular en la distopía Un mundo feliz (1932) de Aldous Huxley, en la que se aterrorizaba a los bebés de las castas más bajas con sonidos desagradables para que sintieran disgusto por los libros. Pero el referente más relevante en este caso es la Técnica Ludovico, de la que ya hablamos brevemente en The Schizoid Man, y que aparecía en La Naranja Mecánica (1962) otro de los libros sesenteros fundamentales para comprender este episodio. Si recuerdan, en la novela de Burgess el travieso Alex era expuesto a imágenes de ultraviolencia bajo los efectos de las drogas con el fin de corregir su conducta. La Técnica Ludovico reflejaba la ansiedad de una época que como veremos estaba muy preocupada con los abusos de la psiquiatría y con la idea de que los avances de la técnica hicieran desaparecer los principios morales y la libertad individual. Y aunque la imagen del pobre infeliz en la sala de aversión nos recuerde el rostro aterrado y los ojos dilatados de Malcom McDowell mientras miraba imágenes ultraviolentas al son de su amado Bethoveen, es preciso recordar que la versión de Stanley Kubrick es posterior a A Change of Mind. McGoohan por una vez se adelantó a uno de sus maestros.



Y a otros muchos. Porque el uso persuasivo de películas con imágenes aceleradas y mensajes subliminales junto con impulsos de luz y drogas del que El Prisionero es pionera, ha continuado en la ficción de las últimas décadas, siempre bajo el signo de la paranoia y del miedo al control mental, a la posibilidad de que nuestra mente deje de ser nuestra. Por ejemplo, en 1974, Alan J Pakula la utilizaría en El último testigo en el momento en el que Warren Beatty accede por fin a las entrañas de la Parallax Corporation, una siniestra organización dedicada a la comisión de asesinatos políticos.


Lo mismo sucedía en Cypher (2002), el estimable film de Vincenzo Natali, en el que un anodino Jack Thursby descubre que está siendo condicionado para que deje de creer que es él mismo como parte de un juego de espionaje industrial entre poderosísimas corporaciones.


Y aún mas recientemente, en el episodio Not in Portland de la tercera temporada de Lost (2006-07), Karl aparece en la misteriosa Habitación 23 drogado y siendo sometido a una sesión de condicionamiento creada por la Iniciativa Dharma con oscuros fines .


Después de ser ignorado, La Villa se irá haciendo un lugar cada vez más incómodo para Número 6. La presión social se ejercitará a través de las miradas acusadoras de sus conciudadanos y de la visita del Sub-comité de Apelaciones, un grupo de mujeres irascibles y bienintencionadas, señoronas vestidas al estilo del Ejercito de Salvación, que como la madre de Kenny en South Park o Mary Whitehouse, la dama británica fundadora de la National Viewers and Listeners Association que durante tres décadas hostigó continuamente a programadores de todas las cadenas con cartas de queja, se encargan de denunciar la podredumbre moral, ya sea social o televisiva, allá donde aparece. Cuando la conversión se acerque, los habitantes de La Villa se convertirán en aldeanos airados, una muchedumbre que le golpeará y le le llevará a empellones como si fuera un monstruo hasta el hospital, hasta su tratamiento.

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El sub-comité de mujeres notables.

Allí Número 6 se topará con otra terapia intrusiva, cuya existencia ya habíamos sospechado tras encontrarse con unos pacientes de expresión ausente y con extrañas quemaduras en las sienes: La lobotomía Esta técnica jugará un importante papel en este episodio pues el resto de la trama se centra alrededor de ella: La Villa mediante un cóctel de drogas y un montaje teatral hará creer a Número 6 que ha sido lobotomizado para así conseguir la confesión de las razones de su dimisión. Como decíamos al comienzo, la verdad de este maquiavélico plan se descubre demasiado pronto como para sostener el episodio de por si. Sin embargo su presencia en A Change of Mind resulta muy interesante para entender otra fuente de ansiedad social en la época de El Prisionero.

Como quizá ya sepan, la lobotomía consiste en la extirpación de los lóbulos frontales del cerebro. Esta técnica psicoquirúrjigca estuvo muy boga durante los años 30 y los 40 del siglo XX como forma de tratar enfermedades mentales entonces consideradas incurables. La controversia siempre rodeó a este procedimiento porque muchos especialistas veían (con razón) que su uso no era más que una forma cómoda de facilitar el cuidado de los pacientes más conflictivos y violentos, reducidos a corderitos-vegetales-zombis tras pasar por el quirófano. Imaginen cómo de inhumanas debían de ser sus consecuencias que fue prohibida en muchos países, incluida la URSS, ya en los 50, aunque no lo sería en Estados Unidos hasta los 70 curiosamente. Es allí donde la lobotomía, como también la terapia electroconvulsiva, tendría un impacto más importante en la cultura popular, en especial a través del clásico de Ken Kesey Alguien voló sobre el nido del cuco (1962), otro libro sesentero que nos sirve para entender mejor A Change of Mind.

Alguien voló sobre el nido del cuco es también un excelente acompañamiento para entender el contexto histórico y cultural de El Prisionero, porque contiene muchas de las preocupaciones sociales de la segunda mitad del Siglo XX. Contada a través de los ojos del Jefe Bromden (punto de vista ausente en la oscarizada adaptación dirigida por Milos Forman en 1975), la novela cuenta la historia de la lucha del rebelde y excéntrico McMurphy contra las normas y autoridades de un hospital psiquiátrico al que ha ido a parar por su errática conducta, personificadas en la figura de la malvada enfermera Ratched. Kesey había trabajado como enfermero en un hospital mental y sus experiencias allí junto con su participación como conejillo de indias en experimentos con LSD en el mismísimo Proyecto MKUltra sirvirieron de mimbre para su novela. A medida que McMurphy va resistiendo todos los intentos de hacerle aceptar el orden establecido e insiste en su comportamiento subversivo, el hospital irá cerrándose entorno a él utilizando procedimientos disciplinarios cada vez más agresivos. Finalmente, la enfermera Ratched le ofrecerá la posibilidad de salvarse de la lobotomía que le aguarda con solo admitir que su comportamiento ha sido irracional y equivocado. Pero McMurphy se negará y el escalpelo caerá sobre el. Un tránsito que, aparte del twist argumental final, es el mismo que atraviesa Número 6 en A Change of Mind porque cuando este se niega de nuevo a admitir su comportamiento desviado le aguarda algo llamado Conversión Social Instantánea, conveniente eufemismo para una intrusión psiquiátrica. No es casual por tanto que la presentación que Número 86 hace del procedimiento lobotomizador tenga idéntico tono al que destilaban los programas televisivos que durante la segunda mitad del siglo XX se dedicaban a glosar los alcances de La Ciencia, en especial Tomorrow´s World, programa señero de la BBC que entre 1965 y 2003 mostraba semanalmente la fe que por entonces se depositaba en La Tecnología y El Mañana, mientras que A Change of Mind es precisamente la expresión del espíritu contrario. Comprueben las semejanzas.



Y es que el temor que tanto la novela de Kesey como El Prisionero expresan hacia los usos de la terapia de aversión y la lobotomía reflejan un movimiento que durante los 60 había cobrado mucha fuerza: El movimiento anti-psiquiátrico, que aunque muy poliédrico y cambiante y ya con cierta trayectoria histórica, obtuvo su carta de presentación moderna en otro libro sesentero: Historia de la locura en la época clásica (1961) de Michel Foucault.

En Historia de la locura, Foucault argumentaba que los límites entre lo que socialmente se considera como locura y cordura son más borrosos de lo que creemos y que estos han venido cambiado notablemente a través de la historia. Si bien en la Edad Media o en el Renacimiento los místicos eran aceptados en la sociedad, en nuestros tiempos terminarían encerrados por locos. La definición de trastorno mental, decía Foucault, ha sido usada como instrumento de control social, como forma de apartar a los desviados y a los diferentes. Vagos, pobres, desempleados eran a menudo apartados en instituciones convenientes. Cuando Foucault escribió Historia de la locura ese uso político de la definición de trastorno mental continuaba presente a ambos lados del Telón de Acero. En la URSS cientos de disidentes políticos eran ingresados forzosamente en las llamadas Psilhushkas, hospitales mentales en los que se les confinaba para que fueran tratados de una extraña forma de esquizofrenia que supuestamente afectaba su comportamiento social. Mientras en Estados Unidos la Asociación Americana de Psiquiatría consideraba a la homosexualidad como un desorden mental, situación que no cambió hasta 1974. Las ideas de Foucault tuvieron un serio impacto durante los sesenta y dieron origen a todo movimiento, frecuentemente contradictorio, que compartía estas mismas ideas. Autores como RD Laing o Thomas Szasz y libros como El Yo Dividido (1960) o El Mito de la Enfermedad Mental (1961) argumentaban con mayor o menos radicalismo que la locura es un fenómeno en gran medida cultural, tanto en su origen (la sociedad como fuente de neurosis) como en su definición. Según estos autores el uso de los electroshocks, la lobotomía y la medicación involuntaria en instituciones psiquiátricas no buscaba tanto la curación del interno sino afirmar relaciones de poder entre pacientes y médicos. Por eso tanto en Alguien voló como en El Prisionero estos métodos aparecen como instrumentos destinados a controlar el comportamiento “anormal” de McMurphy y a Número 6. Lo irónico de aquella época (o lo revelador según dirían los conspiranoicos) es que las mismas drogas que unos usaban para controlar a los desviados y los subversivos, el LSD del proyecto MKUltra financiado por la CIA por ejemplo, eran usadas por la juventud para escapar de ese control, una contradicción de principios que puede verse en el momento en el que Número 6 engaña a la pobre Número 86 y le administra su misma medicina, convirtiéndola de eficaz científica en hippy amante de las flores en éxtasis (con esa divertida línea “I´m higher, I´m higher than Number 2!”).

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Una foto de Foucault porque me da la gana.

Las preocupaciones del movimiento anti-psiquiátrico forman parte de esa preocupación más general que ya hemos mencionado y que cristalizó durante los 60 y 70, un temor a las presiones de conformidad social nacidas durante la Edad de Oro del Capitalismo, a una sociedad regida por unas normas de homogeneidad que determinaban lo aceptable y lo que no lo era y empeñada en cortar toda subversión y mantener la disciplina. Los hospitales psiquiátricos era el campo de batalla más visible pero, como Foucault no se cansaba de repetir, esas formas de control y conformidad eran puestas en vigor de manera invisible en todos los aspectos de la vida cotidiana, unas presiones que se podían ver en práctica en films como Easy Rider (Dennis Hopper, 1969). Las instituciones psiquiátricas eran un ejemplo particular de un concepto más general desarrollado por el sociólogo Irving Goffman en su obra también de 1961 titulada Internados, un concepto al que el bautizó como Institución Total. Una Institución Total es la que aglutina en un mismo lugar y bajo una misma autoridad a un grupo de individuos en una situación similar, apartados de la sociedad, que realizan una serie de actividades que totalizan su vida cotidiana bajo un conjunto de reglas, bajo un programa de actividades planificadas racionalmente. Los ejemplos abundan. Escuelas, cuarteles, hospitales mentales, prisiones, campamentos, monasterios, orfanatos, etc. En todas ellas el individuo queda absorbido y su identidad se hace relativa a su conducta ante la institución pues existe una definición de lo que se considera un comportamiento ejemplar y aquellos que no lo siguen son convenientemente reconducidos mediante presión o castigo. Como afirmaba Goffman, llega un punto en que este tipo de instituciones no solo imponen una disciplina de actividad sino que llegan también a demandar una disciplina del ser.

No es casualidad por tanto que el Jefe Bromden de Alguien voló sobre el nido del cuco mencione frecuentemente a “El Tinglado” (“The Combine”) una organización que incluye a los responsables del hospital y también a quienes construyeron un pantano en las tierras de sus antepasados, y cuya misión, él cree, es regir el mundo con la misma sencillez con la que la enfermera Ratched gobierna su pabellón de enfermos. No es difícil ver las similitudes entre los tentáculos de El Tinglado y La Villa porque esta es un ejemplo pluscuamperfecto de Institución Total. En ella los ciudadanos se ven forzados a realizar toda su actividad diaria, sin privacidad y bajo vigilancia, con el control del centinela Rover o de los propios ciudadanos, hasta que asimilen como suyo los principios de La Villa.

Por eso, porque es una Institución Total, nuestro querido lector habrá podido apreciar que la naturaleza de La Villa parece adoptar distintos matices en cada episodio, matices correspondientes a las distintas encarnaciones que las instituciones totales adoptan en la realidad. En A Change of Mind parece un hospital psiquiátrico mientras que It’s your funeral parece un campo de concentración. En The General adopta la forma de escuela, como también sucede en este episodio durante el encuentro de Número 6 con los dos abusones. Esta vertiente de La Villa como escuela la emparenta con If… (Lindsay Anderson, 1968), el capital film británico que desde un origen ideológico opuesto al de McGoohan, y con similares intenciones alegóricas, articula una idéntica preocupación por la integridad de la libertad individual en la sociedad disciplinaria. If… narra el proceso de rebelión, castigo y explosión de Mark Travis (un Malcom McDowell que con este papel consiguió que Kubrick le llamara para protagonizar La Naranja Mecánica) un estudiante en una escuela privada británica paradigmática, con su homosexualidad velada, sus jerarquías apolilladas y sus castigos físicos. Travis es otro rebelde, otro desviado social como Número 6, Alex de Large o McMurphy, que se enfrenta a las mismas jerarquías y estructuras anquilosadas contra las que por entonces se manifestaban estudiantes universitarios por las calles de medio mundo. La escena en la que Travis, sarcástico y desafiante, es acusado de ser una molestia (“nuisance”) por el grupo de insufribles alumnos ejemplares encabezado por su némesis, el estirado Rowntree, guarda una clara similitud con el momento en A Change of Mind en el que Número 6 es acusado a gritos de “rebelde” y “reaccionario” por sus compañeros de terapia social.



Y es que aparte de las relaciones casuales entre El Prisionero e If… (por ejemplo, Ian Rakoff trabajo como ayudante de montaje en ambas) la relación temática y de espíritu entre ambas es clara, como se hará aún más evidente cuando visitemos el ultimo episodio de la serie, Fall Out.

Tras la conversión La Villa recibirá al reformado Número 6 con saludos, vítores y música. Donde antes había enfado y desdén ahora hay calidez y fiesta. Y como sucedía en La Naranja Mecánica cuando Alex se reencuentra tras su tratamiento con el mendigo al que había apalizado y con sus drugos caídos, Número 6 se reencuentra en el bosque con los dos abusones del comienzo, aunque en vez de salir malparado como Alex, se sobrepone a la terapia, recupera su forma de ser y vuelve a vencerlos.

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Los abusones de A Change of Mind.

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Los drugos policías de La Naranja Mecánica.

Finalmente, Número 6 querrá anunciar públicamente los motivos de su dimisión y agradecer a todos sus conciudadanos el haberle ayudado en el proceso de conversión social. Número 2 se relame con la propuesta. Por supuesto, las cosas no saldrán tan bien como él espera. En el discurso de Número 6 en el balcón es ambiguo, elogioso e irritante, entre la denuncia y la loa a Número 2, un ejercicio de retórica traviesa que como el mismo Roger Parkes admitía está tomado directamente del discurso de Marco Antonio en el Julio Cesar de William Shakespeare. Aquí se lo dejo en la versión interpretada por un bellísimo Marlon Brando en la adaptación dirigida por Joseph L. Mankiewicz en 1953 para que ustedes mismos comparen.



Se suele comentar con frecuencia que a un nivel visual A Change of Mind es un episodio insulso. Esto se debe en gran medida al uso constante de decorados y fondos pintados pues ninguna escena del episodio se filmó en los exteriores de Portmeirion. Sin embargo la omnipresencia de interiores y la soledad de Número 6 en ellos da a La Villa un tono claustrofóbico y de pesadilla muy coherente con los tintes sombríos del episodio. Todos los hallazgos visuales de A Change of Mind (o su ausencia) son atribuibles a McGoohan, que se hizo cargo de la dirección del episodio (bajo el pseudónimo Joseph Serf) porque en otro de sus legendarios enfados despidió tras medio día de rodaje a Roy Rosotti el director original y entre cuyos méritos estaba haber dirigido un episodio de Los Vengadores y la segunda unidad de Doctor Zhivago (David Lean, 1965) ni más ni menos. Suyos son por tanto el descuido a la hora de hacer que la trama se revele demasiado pronto y en la resolución del episodio. Esto se compensa con otros aciertos. Por ejemplo, la escena del primer interrogatorio de El Comité es deliciosamente surreal, con cortes frecuentes y una confusa mezcla de voces. El Comité acompaña todas sus intervenciones con aplausos, lo que Número 6 copia inmediatamente añadiendo aún más desconcierto. Y en un toque de humor propio de Lewis Carroll, El Comité interrumpe bruscamente sus deliberaciones para ir a tomar el té. McGoohan/Serf también consigue que la progresión del episodio se ejemplar. La atmósfera va haciéndose cada vez más enrarecida, tomando un cariz cada vez más intimidatorio lo que hace de A Change of Mind uno de los episodios más oscuros de El Prisionero.

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Miradas que matan.

Carteles y eslóganes: Como ya sucediera en The General, en A Change of Mind La Villa se apropia para sus fines del imaginario del poster propagandístico. En este caso se trata de una versión del célebre poster de 1914 en el que Lord Kitchener llamaba a los británicos a alistarse en la Gran Guerra señalándoles con su dedo autoritario. En este caso es Número 2 quien repite el gesto bajo casi el mismo epígrafe.

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Cultura popular: Aunque en El Prisionero se escuchan dichos y proverbios a menudo, este episodio es un regalo para todo aquel que guste de la sabiduría popular y del presunto sentido común pues Número 2 resulta ser un gran amante de los refranes. Así le suelta a Número 6 “The slowest mule is nearest to the whip” (“La mula más lenta es la mas cercana al látigo”) o “He who ploughs a straight furrow needs owe for nothing” (“Aquel que ara un surco recto no necesita deber nada”) antes y después de su conversión. Y es que las metáforas rurales se repiten a menudo en este episodio. No en vano Parkes fue editor de Farming Express. Así se emplean también el termino “chivo expiatorio”, “oveja” para referirse a los habitantes de La Villa que no protestan y “cordero que vuelven al redil” en referencia a Número 6 cuando este regresa de su conversión. Número 6 se vengará de él en su discurso final con “The butcher with the sharpest knife has the warmest heart” (“El carnicero con el cuchillo más afilado es el que tiene el corazón mas grande”).

Dime qué Número 2 prefieres y te diré quién eres. Grueso y de voz aflautada, con un gran afecto por los proverbios y refranes, Número 2 es un manipulador de buenos modales y apariencia tranquila tras los que oculta a un psicópata en potencia. Número 2 representa la sociedad paternalista y patriarcal, el orden que no duda en imponer castigo y disciplina a sus súbditos porque es “por su propio bien”. Es un evidente misógino que no confía en absoluto en la capacidad de Número 86 para hacer que El Prisionero confiese. Demanda aquiescencia y le disgusta que le contraríen, en especial el supervisor calvo con el que tiene encendidos intercambios. Su crueldad y su rabia van aflorando a medida que sus planes van torciéndose y acaban en desastre. Por eso, cuando le llega su aciago final no podemos sino regocijarnos.

¿Orden? ¿Qué orden? En A Change of Mind Número 6 aparece acostumbrado a la vida en La Villa, casi integrado, sin ganas de huir, diríamos si no fuera porque esta ha parecido perder la paciencia con él. Cuando Número 2 le indica que la conversión va a sobrevenirle, Número 6 pregunta jactancioso si van a administrarle drogas, lo que sugiere que ya ha sufrido otros intentos narcóticos por dominarle. Todo hace pensar que este es un episodio bastante tardío en la presunta cronología de El Prisionero. Los habitantes de La Villa derrocan a Número 2 finalmente y Número 2 se sale con la suya, aunque con menos control de la situación y de los resortes de su prisión que en Hammer into Anvil, por lo que podríamos situar a A Change of Mind como justo anterior a él.

El detalle: Cuando los habitantes de La Villa se tornan contra Número 2 este no tiene más remedio de escapar colina arriba en busca de la seguridad de su cúpula verde. Si enlentencen la reproduccion comprobarán que el Número 2 que aparece corriendo perseguido es mucho más delgado que John Sharpe, el actor que lo interpretaba. Una elección de doble poco afortunada, a no ser que resulte que el miedo a ser linchado pueda causar adelgazamiento instantáneo.

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Otro detalle: Mientras Número 86 calibra los instrumentos para lobotomizar a Numero 6, vemos que la luz que producen se proyecta en su frente, entre los ojos, un punto recurrente al que ya hemos visto que apuntaban otros procedimientos para doblegar a nuestro héroe como la luz interrogadora en The Schizoid Man, el Test de la Verdad en Free for All o el sable de Número 2 en Hammer into Anvil.

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La curiosidad: A finales de los 60 el lavado de cerebro había penetrado tanto en la cultura popular hasta convertirse en un tropo común de la ficción de espías. La camilla, las inyecciones, los electrodos, la diadema llena de cables, los aparatos, eran comunes en televisión, como demuestra esta imagen de Brainwash, el primer episodio de la serie británica Man in a suitcase, emitido tan solo dos días antes que Arrival, el primer episodio de El Prisionero. En él, el misterioso hombre de la maleta, era sometido a un tratamiento con luces, sonidos, y proyección de noticieros a todo volumen para doblegar su voluntad. Curiosamente, Man in a Suitcase se pensó como repuesto inmediato de Danger Man en la cadena ATV una vez que McGoohan decidió no continuar con la serie y embarcarse en el proyecto de El Prisionero.

¿Dónde puedo descargar este episodio? Aquí

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South Park - S01, Ep09 - Starvin’ Marvin

John Tones, September 30th, 2008

Esta sencilla y estupenda parábola sobre varios pecados capitales netamente norteamericanos ejemplifica uno de los mayores valores de los guiones de South Park: su insólita capacidad, que ya querrían muchas series con mensajes impostados para abrir el foco de lo que cuentan. Para que el espectador pase sin traumas ni reflexiones forzadas de la anécdota, a menudo cómica o directamente estúpida, a una sátira de alcance global. En este episodio, la doble o triple hipocresía gestionándose en todas las direcciones políticas y sociales, el sálvese quien pueda de la moralidad mainstream recibe de nuevo un corte de mangas y una (...)

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Historias Para No Dormir - S01, EP09 - EL TONEL

Amando De Ossodio, September 27th, 2008

Guión: Luis Peñafiel (pseudónimo de Narciso Ibáñez Serrador) Dirección: Narciso Ibáñez Serrador Reparto: Antonio Casas, Gemma Cuervo, Jesús Aristu Fuente: basado en La barrica de amontillado, de Edgar Allan Poe Fecha de emisión: Algún viernes de  1966 Duración: 50 minutos aprox. UNO: PUEDES BEBER DE LAS MÁS SUBLIMES FUENTES... Si siguen ustedes mensualmente esta revisión del clásico HPND, le sonará el título de este epígrafe como idéntico al del mes anterior. Y tienen toda la razón. Pero es que es de lo que se trata. NIS confiesa en algún momento que, cuando él se ocupaba de versionar los relatos para TV, lo que hace es partir del (...)

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Batman - Intermedio: Pasando de la Temporada 1ª a la 2ª

Jonatan Sark, September 9th, 2008

Con el anterior capítulo finiquitamos la primera temporada de Batman así que parece adecuado realizar algunas reflexiones antes de ponernos con la siguietne fase y explicar, además, lo que ocurrió entre medias. El resumen de la primera temporada se salda con "Éxito Absoluto". El tandem Dozier/ Lorenzo Semple Jr. quería revitalizar al murciélago y realizar, a la vez, una serie divertida llevando a los superhéroes a un nuevo nivel y lo consiguieron plenamente. En el proceso lograron cambiar varias cosas siendo sus dos logros principales el regreso de Alfred al tebeo y -sobre todo- la ascensión a villano de primer orden (...)

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Jackass - S01, Ep01, Sketch08 - (Oompah-Loompah)

John Tones, August 28th, 2008

[youtube bIg5NUj2oYA] Jason Acuña, Wee-Man, es el protagonista absoluto de un breve clip en el que no nos vamos a detener demasiado porque su gracia es obvia y no demasiada. Uniformado como uno de los Oompa-Loompas de la versión clásica de Charlie y la Fábrica de Chocolate, Wee-Man patina, asombra y vacila. Sirva como reafirmación de las raíces de la serie en vídeos de patinismo payaso y como tarjeta de presentación de uno de los miembros más carismáticos de Jackass, que tendrá que ser fuertemente humillado y considerablemente ensalzado en sketches venideros. Esperen. (...)

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Historias Para No Dormir - S01, EP08 - EL PACTO

Amando De Ossodio, August 27th, 2008

UNO: PUEDES BEBER DE LAS MÁS SUBLIMES FUENTES... El caso del Sr. Valdemar es una obra cumbre no sólo del relato corto, no sólo de Poe, sino de la literatura en general y en mayúsculas. Tanto literaria como extraliterariamente. Repasemos una sucinta lista de virtudes: EL GORE Efectivamente, ningún relato de Poe es tan escabrosamente explícito como el que nos ocupa. Si bien Poe se había dedicado a sugerir -con una gran fuerza, eso sí-, lo cercano de la muerte por tuberculosis de su mujer y prima, Virginia Clemm, le hizo describir con frialdad quirúrgica cada uno de los procesos que llevaron a (...)

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Los Teleñecos - S01, EP11 - La bondad no entra en los telediarios

Raul Minchinela, August 23rd, 2008

Nuestra invitada de hoy es Lena Horne, una cantante de Jazz con tres razas en su árbol genealógico, que formó parte del mítico Cotton Club en los años treinta. Horne fue un clásico del Jazz en la televisión, y el número de programas en los que actuó es un catálogo de lo mejorcito de la historia catódica norteamericana. Horne ganó tres Grammys, incluido uno a toda su carrera. Y no tiene biopic porque la chica que la iba a protagonizar revolucionó al país enseñando un pezón en un partido de fútbol norteamericano. Con esa peli, tendríamos su trayectoria algo más (...)

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The Prisoner - S01, EP10 - Hammer into Anvil

Dr. Zito, August 18th, 2008

“In real life it is always the anvil that breaks the hammer,” George Orwell. Se suele colocar a Hammer into Anvil junto con The General o Checkmate en el conjunto de episodios más livianos de El Prisionero. Su trama sencilla y lineal, su representación de La Villa como distopía casi exclusivamente orwelliana o su falta de elementos alegóricos suelen presentarse como pruebas de cargo de esa presunta simplicidad. Sin embargo, Hammer into Anvil is more than meets the eye, que dirían los Transformers. Son cincuenta minutos vibrantes, de ritmo frenético y construcción dramática envidiable, pero también de socarrona comedia. Cincuenta minutos poblados (...)

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